La semana pasada, mientras tomaba mate en la plaza de Floresta, vino un vecino con su labrador, Roco. El perro venía con la lengua afuera, pero no de calor: estaba inquieto, se rascaba sin parar, y el dueño me dijo que le habían recetado un antiinflamatorio para una displasia y que desde entonces no paraba de rascarse y vomitaba cada dos días. “No sé si es el remedio o qué”, me dijo. Le pedí que consulte al veterinario de vuelta, y justo hoy leo esto que te voy a contar.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) publicó su informe anual de farmacovigilancia veterinaria 2024, y los números son para prestar atención: 3.820 notificaciones de Sospechas de Acontecimientos Adversos (SAA) en animales. Los síntomas reportados incluyen anorexia, ansiedad, picor, temblores y vómitos. La nota es de El Periódico, de hoy 24 de marzo de 2025.
No es para alarmarse, pero sí para estar atentos. Acá va mi mirada.
¿Qué significa esto para el dueño de un perro o un gato?
Que los medicamentos no son caramelos. Que cada vez que le damos algo a nuestro animal, hay que observar. No digo que no se medique, digo que hay que hacerlo con información y con seguimiento. El Húngaro decía: “el perro no es malo, está confundido”. Con los fármacos pasa algo parecido: el cuerpo del animal no es malo, a veces reacciona mal, y está confundido porque no puede decirnos “esto me hace mal”.
Los síntomas que reportó la AEMPS son claros: si tu perro o gato empieza a rascarse más de lo normal, deja de comer, tiembla sin frío, vomita o se pone ansioso después de empezar un tratamiento, no lo dejes pasar. Consultá al veterinario que lo recetó. No es que el fármaco sea malo, es que cada animal es distinto.
Lo que aprendí con Laika y los tratamientos
Laika, la mestiza con ansiedad por separación que destrozaba la casa, tuvo una vez una reacción fuerte a un antiparasitario. Le dio temblores y no quería comer. La llevé al veterinario, le cambiaron la marca y listo. Pero si no la hubiera observado, podría haber seguido dándoselo y empeorando. Por eso siempre digo: cuando empezás un tratamiento nuevo, anotá todo. Yo uso mi libreta de paseos para eso también: fecha, dosis, cómo reaccionó. No es obsesión, es cuidado.
¿Qué hacer si tu mascota tiene una reacción adversa?
Acá van pasos concretos, como los que doy en las sesiones:
- No entres en pánico. El animal lo nota. Si te ponés nervioso, él se pone peor. Bajá un cambio.
- Anotá los síntomas. Cuándo empezaron, qué son, cada cuánto aparecen. Eso ayuda al veterinario.
- Contactá al veterinario que recetó el medicamento. No lo suspendas por tu cuenta sin consultar, a menos que el animal esté muy mal (dificultad para respirar, convulsiones, hinchazón). En ese caso, urgencia directo.
- Si es grave, guardá el envase del medicamento. Así el veterinario puede reportarlo a la agencia correspondiente. En España es la AEMPS, en Argentina el ANMAT o SENASA. Cada reporte suma para que se sepa qué fármacos dan más problemas.
- No automediques. Esto parece obvio, pero lo veo seguido: dueños que le dan ibuprofeno a un perro porque “es lo mismo que el que me dio el médico”. No, no es lo mismo. Los animales metabolizan distinto. Lo que a nosotros nos calma, a ellos los puede intoxicar.
¿Y los fármacos para la conducta?
Acá tengo una opinión filosa: muchos dueños quieren la pastilla mágica para que el perro se calme, en vez de laburar la conducta. No digo que no sirvan, a veces son necesarios, pero no reemplazan al vínculo. Primero confianza, después pedís. Si un perro tiene ansiedad, el fármaco puede ayudar, pero si no trabajás la causa de fondo, el problema vuelve. Y además, como muestra este informe, los fármacos pueden tener efectos adversos. No es menor.
Si tu veterinario te receta algo para la conducta, preguntale: ¿cuánto tiempo tarda en hacer efecto? ¿cuáles son los posibles efectos secundarios? ¿qué señales tengo que mirar? Y después, acompañalo con trabajo de conducta. Acá te dejo mi método para la ansiedad por separación, que es todo refuerzo positivo y sin pastillas.
¿Qué dice la ciencia sobre esto?
La AVSAB (Sociedad Americana de Veterinarios de Comportamiento Animal) recomienda que cualquier tratamiento farmacológico para problemas de conducta sea supervisado por un veterinario con formación en etología, y que se combine con modificación de conducta basada en refuerzo positivo. No es pastilla y listo. Y la WSAVA (Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales) insiste en que la farmacovigilancia es clave para detectar problemas temprano. Este informe de la AEMPS es justo eso: un sistema que funciona.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi perro vomita después de tomar un medicamento?
No le des otra dosis sin consultar al veterinario. Anotá cuándo vomitó, qué aspecto tenía el vómito, y llamá al profesional. Puede ser una reacción leve o algo más serio.
¿Los efectos adversos son siempre graves?
No. Muchos son leves y pasajeros, como un poco de somnolencia o diarrea suave. Pero hay que reportarlos igual, porque si muchos animales reportan lo mismo, la agencia puede actuar. La AEMPS reportó 3.820 notificaciones en 2024, pero no todas fueron graves.
¿Puedo darle a mi perro un medicamento de humanos?
No sin consultar al veterinario. Muchos fármacos humanos son tóxicos para perros y gatos. El paracetamol, por ejemplo, puede matar a un gato. No te la juegues.
¿Cómo sé si mi mascota está teniendo una reacción adversa?
Mirá cambios en su comportamiento o apetito: si deja de comer (anorexia), se rasca más, tiembla, vomita, o está más ansioso o letárgico de lo normal. Si empezó un tratamiento nuevo y ves eso, consultá.
¿Dónde reporto un efecto adverso en Argentina?
En Argentina, podés reportar al ANMAT o al SENASA. Preguntale a tu veterinario cómo hacerlo. Cada reporte ayuda a que otros animales no pasen por lo mismo.
El empujón de esta semana
Revisá el botiquín de tu mascota. Si tenés algún medicamento que le dieron hace tiempo y no usás, fijate la fecha de vencimiento. Y si tu perro o gato está tomando algo ahora, observalo estos días. No con desconfianza, con atención. Como cuando miro a un perro nuevo en la plaza antes de acercarme: primero miro, después actúo. La salud de tu animal no es un trámite, es un vínculo. Cuidala.
Para agresividad o miedo serio, consultá con un veterinario etólogo o un profesional en persona.
Conducta y adiestramiento con refuerzo positivo. Aprendio de un viejo guia canino.
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