La semana pasada me llamó un tipo desesperado porque su perro, un cruza de pastor que adoptó hace tres meses, ya le había mordido el brazo a un vecino. “No sé qué hice mal”, me dijo. Y yo, mientras lo escuchaba, pensaba en los números que acaba de publicar el Senasa: 393 ataques de perros a personas durante 2024, según informó Infobae (Revista Chacra) el 18 de diciembre. No son pocos. Y lo peor es que muchos se podrían haber evitado con dos o tres cambios de manejo.
Mirá, no vengo a echarle la culpa a nadie. El que tiene un perro que muerde no es un irresponsable automático: muchas veces es alguien que no supo leer las señales, que se saltó pasos o que escuchó consejos viejos como lo del “perro alfa”. El Húngaro me decía: “el perro no es malo, está confundido”. Y cuando un perro muerde, casi siempre es porque no encontró otra forma de decir “basta, tengo miedo, no entiendo qué querés de mí”.
¿Por qué muerde un perro? Lo que nadie te cuenta
Antes de hablar de prevención, hay que entender una cosa: el perro no muerde porque sí. Muerde porque algo lo superó. Puede ser miedo, dolor, sorpresa, o porque aprendió que gruñir no le funcionó y la mordida sí. No es un cálculo malvado: es un animal que se quedó sin opciones.
Con Roco, el labrador que tiraba como un tractor, el problema no era que quisiera lastimar a nadie: era que nadie le había enseñado a caminar tranquilo al lado. Con Laika, la mestiza con ansiedad por separación, el tema era que se sentía abandonada cada vez que la dueña salía. En ambos casos, la raíz era la misma: falta de comunicación clara y de confianza.
El Senasa, en su reporte, dio recomendaciones para prevenir estos ataques. Y coinciden bastante con lo que veo todos los días en la plaza. No hay magia: hay rutina, paciencia y respeto por los tiempos del animal.
Lo que podés hacer hoy para prevenir un ataque
Acá van cuatro pasos concretos, basados en lo que aprendí con el Húngaro y con cada perro que pasó por mis manos. Nada de teorías raras: cosas que podés empezar a aplicar esta misma tarde.
1. Aprendé a leer las señales de advertencia
El perro nunca muerde de una. Antes te avisa: se pone rígido, bosteza, se lame los labios, desvía la mirada, mete la cola entre las patas. Si ignorás esas señales, el perro siente que no le queda otra que escalar. La próxima vez que veas a tu perro tenso con alguien, no lo retes: retiralo de la situación antes de que explote.
2. Socializalo bien, pero sin apuro
Socializar no es tirarlo a un parque lleno de perros y esperar que se lleve bien. Es presentarle el mundo de a poco: personas, otros animales, ruidos, superficies nuevas. Siempre a su ritmo. Si ves que se congela o se esconde, bajá un cambio. No lo fuerces. El Húngaro se sentaba en el piso y esperaba. Hacé lo mismo.
3. Corregí los tirones de correa antes de que sea tarde
Un perro que tira de la correa y se excita con cada persona o perro que pasa está a un paso de la mordida por frustración. Enseñale a caminar a tu lado con refuerzo positivo: premialo cuando te mire, cuando se ponga a tu altura, cuando pase tranquilo al lado de otro perro. Si necesitás una guía más detallada, acá te explico el método que uso con Roco y con todos.
4. No dejes a un perro ansioso solo sin preparación
La ansiedad por separación es una de las causas más comunes de agresividad. El perro se siente abandonado y cuando alguien se acerca a la casa, puede reaccionar mal. Si tu perro destroza cosas cuando te vas, rompe puertas o ladra sin parar, necesitás trabajar las salidas y llegadas sin drama. En esta nota sobre Laika te cuento el paso a paso.
Los errores que veo siempre (y que aumentan el riesgo de mordida)
Hay cosas que repiten los dueños y que, sin querer, hacen más probable un ataque. Te las enumero rápido:
- Usar collares de castigo (eléctricos, de pinchos, ahorque): el perro no aprende a no morder, aprende a tener miedo. Y un perro con miedo es impredecible. La AVSAB lo dice claro: el castigo aumenta la agresividad.
- Ignorar los gruñidos: si le decís “no gruñas” o lo retás por gruñir, el perro aprende a saltarse ese aviso y pasar directo a la mordida. El gruñido es tu amigo: te está diciendo que algo anda mal.
- Dejar que los chicos molesten al perro mientras come o duerme: es la receta perfecta para una mordida. El perro tiene derecho a su espacio. Enseñale a los pibes a respetarlo.
- Pensar que “el perro es así” y no hacer nada: no, no es así. Es un perro que no entendió lo que esperás de él. Y si no le enseñás, él va a hacer lo que su instinto le dice.
FAQ: lo que siempre preguntan sobre ataques de perros
¿Qué hago si un perro se me acerca con actitud agresiva?
No le grites, no corras, no lo mires fijo. Parate de costado, mantené las manos quietas y evitá el contacto visual. Si tenés algo para tirar al piso (una botella, una mochila), hacelo a un costado para desviar su atención. Y andá retrocediendo despacio, sin darle la espalda.
¿Mi perro puede volverse agresivo de repente?
Sí, pero siempre hay una causa. Puede ser dolor (una lesión, una enfermedad), miedo, o un cambio en su entorno. Si un perro que nunca mostró agresividad muerde de golpe, lo primero es llevarlo al veterinario para descartar problemas físicos. Después, consultá con un profesional en comportamiento.
¿Las razas consideradas “peligrosas” muerden más?
No. No hay evidencia científica que respalde eso. La AVSAB y la WSAVA lo dicen claro: la agresividad no depende de la raza, sino de la crianza, la socialización y el manejo. Un pitbull bien socializado y con dueño responsable puede ser más seguro que un caniche mal criado.
¿El collar eléctrico sirve para corregir la agresividad?
No solo no sirve, sino que empeora las cosas. El perro asocia el dolor con lo que sea que esté mirando en ese momento (otro perro, una persona), y eso aumenta su miedo y su agresividad. La AVSAB recomienda no usar ningún método aversivo. Si querés un cambio real, trabajá con refuerzo positivo y, si hace falta, con un veterinario etólogo.
¿A qué edad debería empezar a socializar a mi cachorro?
A partir de las 8 semanas, después de las primeras vacunas, ya podés empezar a presentarle el mundo de forma controlada. Pero ojo: socializar no es solo juntarlo con otros perros. Es exponerlo a distintos sonidos, superficies, personas de todas las edades, y siempre de a poco. Si ves que se asusta, no lo fuerces: retrocedé un paso.
¿Qué hago si mi perro ya mordió a alguien?
Primero, asegurate de que la persona esté bien y, si la mordida fue seria, que reciba atención médica. Después, no escondas el problema: consultá con un veterinario etólogo o un profesional en comportamiento canino. No lo castigues: el castigo no le va a enseñar a no morder, solo a tener más miedo. Y mientras tanto, manejá las situaciones de riesgo: no lo saques a la calle sin bozal si es necesario, y evitá los disparadores que conocés.
Un empujón para esta semana
No necesitás esperar a que tu perro muerda para empezar a prevenir. Esta semana, fijate en una cosa: cuándo se pone tenso. Puede ser cuando alguien se acerca a su plato, cuando otro perro se le acerca en la calle, cuando un chico lo abraza. Anotá en un papel qué pasa justo antes de que se ponga rígido. Ese es el momento en el que podés intervenir. No para retarlo, sino para sacarlo de ahí y mostrarle que vos lo bancás.
El perro no te desobedece: no te entiende todavía. Y si le das tiempo, confianza y un método claro, el 99% de las veces el problema se resuelve. Los 393 ataques del Senasa son un número que duele, pero también son una oportunidad para aprender. Ojalá esta nota te sirva para que el tuyo no sea uno más.
Para casos de agresividad o miedo serio, consultá con un veterinario etólogo o un profesional en persona. Esto que escribo acá es mi experiencia, no reemplaza una evaluación individual.
Conducta y adiestramiento con refuerzo positivo. Aprendio de un viejo guia canino.
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